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La construcción en Chile enfrenta hoy uno de sus mayores desafíos: aumentar su productividad y eficiencia. En un contexto donde todos los sectores económicos buscan optimizar sus procesos, el rubro inmobiliario y de edificación ha decidido avanzar con una hoja de ruta clara: la adopción del sistema BIM, entendido no solo como Building Information Modeling, sino como una visión más amplia de Better Information Management.

Este enfoque redefine la manera en que se planifica, ejecuta y gestiona una obra, integrando datos, optimización de procesos y valor en todas las etapas del ciclo de vida del proyecto. La estrategia forma parte de las nueve palancas identificadas por la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) para mejorar la productividad del sector.

Según la Encuesta Nacional BIM 2022, el uso de esta metodología alcanza actualmente un 41% a nivel nacional. La meta, sin embargo, es ambiciosa: llegar al 70% de adopción para el año 2028. Este desafío, impulsado por una gobernanza intersectorial compuesta por 17 organizaciones —y liderada por la CChC a través de la Aceleradora BIM—, involucra esfuerzos coordinados desde el mundo público, privado y académico.

La estrategia se basa en tres ejes:

  1. Incidir en políticas públicas y formación académica.
  2. Articular esfuerzos dentro del ecosistema industrial.
  3. Alinear estrategias internas de las instituciones comprometidas.

Uno de los focos más críticos es acortar la brecha regional. Según el reciente “Reporte BIM en Regiones”, la adopción en zonas como Antofagasta, Valparaíso, Biobío y Los Lagos apenas alcanza el 26%, nivel comparable al nacional del año 2016. El estudio revela un panorama desafiante, marcado por bajo conocimiento, limitada capacitación formal y una percepción errada de BIM como un gasto en lugar de una inversión.

La paradoja es clara: los beneficios son ampliamente reconocidos —reducción de errores, mejor coordinación, mayor profesionalización— pero aún así, en regiones su incorporación se da principalmente por exigencias externas o subsidios puntuales. Por ello, se vuelve urgente replantear las estrategias de fomento, pensando desde una lógica territorial y con apoyo estatal efectivo.

En CFL Inmobiliaria, entendemos que esta transformación no es opcional, sino necesaria.

Superar las barreras culturales y técnicas será clave. Pero si como industria —y como sociedad— logramos movilizar la voluntad colectiva, ese 70% de adopción BIM en 2028 dejará de ser una meta aspiracional para convertirse en un nuevo estándar. Uno que impactará de forma concreta en la calidad de vida de miles de personas y en la sostenibilidad del rubro inmobiliario en todo el país.

FUENTE: CChC