El ruido en la ciudad no es solo un fenómeno ambiental: es una amenaza silenciosa para el bienestar. Sirenas, bocinas, construcciones, pantallas encendidas 24/7. Vivimos inmersos en estímulos constantes que, sin darnos cuenta, alteran nuestro ritmo y afectan nuestra salud.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el nivel de ruido recomendado para proteger la salud auditiva es de 55 decibeles. Sin embargo, en algunas zonas de Santiago, el ambiente sonoro puede superar los 90 decibeles, casi el doble de lo sugerido. Esta sobreexposición no solo impacta nuestra capacidad auditiva, sino también nuestra calidad de sueño, concentración y estado emocional.
Frente a ese entorno ruidoso y acelerado, el diseño interior comienza a ocupar un rol fundamental. Más allá de su dimensión estética, el diseño de espacios se transforma en un recurso de autocuidado y bienestar. Hoy, el hogar no es solo un lugar para habitar, sino una pausa sensorial. Un refugio que nos protege del ritmo exterior.
En ese sentido, la arquitectura interior adquiere una nueva responsabilidad: crear espacios que nos contengan. El uso de ciertos materiales, colores, texturas y distribuciones no es aleatorio. Cada decisión puede aportar al equilibrio: suavizar el entorno, absorber el sonido, reducir la estimulación visual y promover la calma. Es una forma de diseñar desde el bienestar.
Desde CFL Inmobiliaria, entendemos que los espacios bien pensados no solo agregan valor al metro cuadrado, sino también al día a día de las personas.
El diseño no elimina el ruido del mundo exterior, pero sí puede invitarnos a reconectar con lo esencial. Porque habitar mejor no es solo una aspiración: es una necesidad creciente. Y cada decisión en el espacio interior puede ser una respuesta.
FUENTE: OMS