Por: Jaime Silva, Gerente General de CFL Inmobiliaria
Ya conocemos el estado actual de la industria inmobiliaria: menor capacidad de ahorro, mayores restricciones para acceder al crédito y un sobrestock con entrega inmediata. A este escenario se suma un competidor silencioso pero que impacta de gran manera el mercado, las propiedades usadas, donde los dueños fijan valores con total libertad, generando una competencia dinámica y altamente líquida frente a los proyectos nuevos.
Este escenario nos presiona a ser más creativos que nunca. Realmente estamos haciendo el trabajo, generamos fórmulas flexibles para el pago del pie, alianzas bancarias, apoyo en la gestión de créditos y acompañamiento permanente para no perder clientes por barreras financieras. Más que frenar las ventas, el contexto ha dinamizado el mercado: hay más ofertas, promociones y comparación activa por parte de los compradores.
En comunas consolidadas, las propiedades antiguas suelen estar más céntricas, mientras que los nuevos paños se ubican en zonas más periféricas. Por eso la respuesta no es competir sólo en precio, sino en valor. Innovar en diseño, terminaciones y servicios se vuelve clave: strip centers integrados, cowork, zonas petfriendly, cargadores eléctricos, gimnasios y áreas verdes que compensen esa diferencia.
El riesgo de ajustes de precios existe, especialmente por el sobrestock, pero la preferencia por lo nuevo sigue vigente cuando el presupuesto lo permite. Modernidad, garantías y estándares constructivos actuales marcan distancia.
Hoy tenemos una gran tarea, elevar el estándar para conquistar a quienes pueden y quieren. No basta con ofrecer departamentos, hay que ofrecer soluciones bien pensadas, ejecución rigurosa y un servicio que responda incluso después de la entrega. Realmente hacer el trabajo ¡Bien hecho!. En un entorno competitivo, el verdadero motor de decisión no es el descuento, sino la certeza de estar tomando una buena decisión.
