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Durante décadas, hablar de vivienda estuvo estrechamente relacionado con la idea de formar una familia. Sin embargo, la manera en que las personas viven ha cambiado y, con ella, también las necesidades habitacionales.

Hoy, vivir solo dejó de ser una situación excepcional para convertirse en parte de una transformación más profunda de la sociedad chilena. Los hogares son cada vez más pequeños, las trayectorias personales son más diversas y la vivienda comienza a responder a nuevas formas de entender la independencia, el trabajo y la vida cotidiana.

De acuerdo con los resultados del Censo 2024, en Chile existen más de 6,5 millones de hogares y el promedio de personas por hogar llegó a 2,8, frente a las cuatro personas que se registraban en 1992. Al mismo tiempo, los hogares unipersonales alcanzaron el 21,8% del total, equivalentes a más de 1,4 millones de hogares.

La cifra refleja algo más que un cambio demográfico: también plantea nuevas preguntas para el mercado inmobiliario.

Vivir solo ya no significa vivir de la misma manera

El crecimiento de los hogares unipersonales suele asociarse inmediatamente a departamentos pequeños o de un dormitorio. Sin embargo, la realidad es bastante más diversa.

Por eso, sus necesidades no necesariamente se reducen a tener menos metros cuadrados, la ubicación, la conectividad, la seguridad, la cercanía a servicios y la posibilidad de contar con espacios flexibles adquieren cada vez mayor importancia. En este contexto, la vivienda deja de pensarse solamente desde la cantidad de personas que la habitan y comienza a hacerlo desde la forma en que esas personas quieren vivir.

Si la lógica tradicional indicaba que una persona necesitaba un departamento de un dormitorio, las nuevas formas de habitar abren una perspectiva diferente. Un segundo dormitorio puede convertirse en una oficina para quienes trabajan de manera híbrida o remota, en una habitación para recibir visitas, en un espacio destinado a hobbies o incluso en una habitación que pueda adaptarse a futuras necesidades.

Lo mismo ocurre con los dos baños. Más que responder exclusivamente a una necesidad familiar, pueden aportar comodidad, privacidad y flexibilidad en el día a día. Así, un departamento de 2 dormitorios y 2 baños puede ser entendido como una vivienda flexible, capaz de adaptarse a distintas etapas y estilos de vida.

En ese escenario, proyectos ubicados en sectores como Chicureo o en zonas con una relación más cercana con la naturaleza y los servicios pueden resultar atractivos para quienes buscan una forma distinta de vivir. 

Estas transformaciones hacen que el mercado inmobiliario deba mirar más allá del modelo tradicional de familia y considerar nuevas formas de habitar.

Para CFL Inmobiliaria, esta evolución también abre una reflexión sobre el diseño y la propuesta de sus proyectos de 2 dormitorios y 2 baños en Vista Parque Las Pircas en Peñalolén, El Arroyo 10035 en Chicureo y Viñedos del Cachapoal, en Rancagua: espacios que no necesariamente están definidos por quién los habita hoy, sino por todas las posibilidades que pueden ofrecer a lo largo del tiempo.

Porque una vivienda puede ser mucho más que el lugar donde una persona vive. Puede ser también su espacio de trabajo, de descanso, de encuentro y de crecimiento.

Y en un Chile donde cada vez más personas construyen su propio camino, la vivienda también tiene que ser capaz de acompañar esa diversidad.

En CFL creemos que entender cómo están cambiando las personas y sus formas de vivir es también una manera de proyectar mejor las viviendas del futuro.